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El ritmo de vida se ha acelerado, dejando en un lugar secundario los momentos de convivencia familiar. La hora del desayuno, la comida o la cena ha dejado de ser momento de reunión familiar. Hemos permitido que estos momentos ya no sean para saciar nuestra necesidad de “nutrición” humana. Conviene que retomemos estos momentos en nuestras vidas para profundizar nuestras relaciones y para fortalecerla. Cuando la familia está “bien nutrida” difícilmente entran los vicios.

POR BEATRIZ CAMPERO